martes, 7 de mayo de 2013

El hijo pródigo y la ley de blanqueo de capitales

Siempre me costó entender la justicia en la parábola del hijo pródigo ¿Por qué aquel padre magnánimo celebraba tanto el regreso de quien había despilfarrado su parte de la herencia y no reconocía los méritos del pobre hijo austero y obediente?
Uno tendería a pensar que éste es el dilema que se plantea con la nueva medida de blanqueo de capitales.
Pero yo veo aquí una diferencia sustancial: el Estado no es un padre a quien debemos pedir misericordia. En mi opinión, la analogía correcta sería el hijo pródigo pidiéndole al padre que le envíe más fondos para poder continuar con la aventura.

lunes, 19 de septiembre de 2011

El relativismo infalible

Hay un arma letal de los psicólogos que los habilita a rebatir cualquier argumento apelando a las diversas interpretaciones que un fenómeno puede tener. Recuerdo alguna discusión con un compañero en la universidad en la que luego de una clase de Kant, ponía en duda si las mesas del bar, la escalera... y nosotros mismos, efectivamente estábamos allí o si era todo construcción de nuestras mentes. Enseguida respondí que en mi opinión existe una realidad objetiva independiente de nuestra existencia. Su argumento fue devastador: "Ese es el chip que te meten acá en la UCA". ¿Cómo refutarlo?
Me lo imagino a Augusto Comte diciendo su famosa frase: "todo es relativo, he aquí el único principio absoluto" en una tertulia, con un trago en la mano, tratando de levantarse alguna mina.
¡Esta postura medio arrogante aflora tan bien en ciertos vanidosos amantes de las teorías conspirativas! Así, con un gesto adusto, condescendiente, disparan cosas como: "Así es como te la contaron", "depende", "no creas", "la otra campana"... De tanto leer entre líneas se pierden el texto, o le dejan el texto para la gilada.

Toda la arremetida del gobierno contra los medios, para mí es una tan burda como genial apelación a este argumento. Pasa a ser más importante quién dice las cosas que las cosas mismas. En el fondo, otorgarle semejante importancia a lo que llaman "el relato", encierra una atroz subestimación. Asumir que los medios manipulan a la gente presupone considerar que la gente es manipulable. Creer que un diario "con 4 tapas puede voltear un gobierno" es, por otra parte, una manera de correr el eje de la discusión.
En lugar de dar explicaciones por las valijas de Antonini, Skanska, el manejo discrecional de los fondos públicos, Schoklender, Jaime, etc. se quejan del golpismo, reparten las acusaciones más extravagantes y embarran la cancha.
No estoy implicando que todos los periodistas y empresarios de los medios sean carmelitas descalzas. Sólo digo que esto es prácticamente irrelevante. 

"Señor ministro, este cheque no tenía fondos"
"¿Me está acusando de chorro?"
"Fui a cobrar al banco... me dijeron que..."
"¡Ésa es una actitud golpista! Usted responde a Magnetto! En los 70' colaboraba con los milicos y en los 90' se robaba todo con Menem"
Luego, una inspección de la AFIP más un informe de 6,7,8 que lo muestra primero borracho en el viaje de egresados acosando a una moza y luego hace 20 años copiándose en un examen de Geografía.

martes, 13 de septiembre de 2011

Mi primera salida de golf

Hasta ese día el golf había sido para mí "un deporte de viejos", pero como no tenía nada que hacer y se estaban yendo a jugar, decidí sumarme. El lugar era La Tahona, canchón en Uruguay, a pasitos del aeropuerto de Carrasco.
Jugamos sólo 9. Salí de bochas amarillas y me daban un golpe por hoyo. Lo perdí en el 9. Los momentos salientes fueron 2.
1) (aburrido) En un par 3 de aprox 165 (creo que el hoyo 6) la puse al green con un hierro 4 haciendo caso omiso de mi compañero y ocasional profe, que me sugería jugarla a buena a la izquierda. Me dije la frase fatídica: "ya le encontré la vuelta a esto del golf... tengo talento innato". Hice 5 putts o más.
2) (antológico) El segundo episodio fue en el hoyo 9 y es más gracioso. Par 5 con dogleg a la derecha. El tiro número quichicientos se me abre con un slice espantoso y va a parar al medio de un muy lindo jardín. El dueño se encontraba cortando el pasto, muy tranquilo (le faltaba el mate). Cuando me dirijo echando espuma por la boca y humo por la cabeza con el hierro 7 en la mano hacia el jardín, mi compañero, profe y residente del club me aconseja: "pedile permiso, eh?". No sé qué falso contacto hice en mis neuronas. Hasta ese momento pensaba en ir a levantar la pelota y ponerla en juego adentro de la cancha, pero a esa frase la decodifiqué de la siguiente manera: "si la querés jugar desde ahí, tenés que pedirle permiso al hombre que está cortando el pasto en su casa".
Pedí permiso entonces. Tomé mi naciente stance y saqué una napolitana con fritas. La pelota por suerte volvió al fw y, como buen golfista, repuse el divot en su lugar. Saludé y agradecí, ante la atónita mirada del propietario, y volví sonriente a finalizar el inicio de un deporte que jamás abandonaré.
Reconozco que la anécdota me resulta más graciosa ahora, que juego, que en aquel entonces

Saint Andrews (argenta) review

A eso de las 7:30 llegábamos con mi hermano a un oasis de la más tradicional cepa anglo-argentina, ubicado en el corazón de San Martín. Ni bien la veo me enamoro: Qué pedazo de cancha!! Mezcla de Ranelagh con Jockey con Ituzaingó. "Es la cancha en donde más abiertos de la República se jugaron" (mi hermano siempre arroja esos datos inútiles).
Nos deshacemos en elogios, abonamos y así empieza:
- T del 1: Me dijeron que hay que tener cuidado con los roughs
- Fw del 2: ¿Viste que tenía razón con los roughs?. - Sí, están bravos, pero qué pedazo de cancha.
- Green del 4: Estos ingleses sí que sabían hacer canchas. Mirá qué buen dibujo... Bunkers a lo St Andrews.
- T del 6: Hay que salir derecho... es lo importante. Claaaro, con este rough. Qué loco que semejante cancha esté tan cerca del centro.
- Fw del 8: Qué grande la bola que me encontraste! le debo haber pasado por arriba 3 veces.
- Bar del 9: Cómo nos maltrató, pero qué canchón. Sí, hay que jugarla inteligentemente. Te obliga a pensar bien. Arranca una vuelta nueva.
- Green del 11: La verdad es que ya rompen un poquito las bolas estos roughs.
- Fw del 13: Dejála, ni la busqués, pelota perdida y a la mierda.
- Green del 15: Esta cancha del orto y la puta madre que la parió!!! No vengo nunca más. ¿Al final cuánto hiciste en el anterior? ¿Qué sé yoooo? Ya dejé de contar. Estos ingleses piratas de mierda y la reconcha de sus madres. Largo el golf.
- Green del 17: Allá, allá está, en el tractor!!! Agarrálo!!! Ese es el hijo de puta que corta el pasto en esta cancha!!!! Veníiiii, veníiiiii!!! Encima se hace el boludo!!!
- Arroyito del 18: Tenés pelotitas? Sí, allá tengo, de cuáles querés? Buenas y baratas. Vamos! Acá tenés una prov nueva, acá otra... tomá 5 por 25... 6! te agrego otra, un regalo! Humm, ok, tomá, tengo 30... me agregás 2 más de las chotas? sí, tomá, 3 más.
Trotecito al green con cara de felicidad.

Memoria y dictadura - Por Lanata para Perfil 10/9/2011

El aparato de propaganda K insiste en marcar a supuestos cómplices militares. Y en castigar a quienes no opinan igual.

Por Jorge Lanata
10/09/11 - 11:39
 
Miedo. Jorge R. Videla.
En el comienzo fue Tato Bores. Aunque, en realidad, el comienzo comenzó mucho antes. Quizás cuando se organizó una especie de linchamiento simbólico a algunos periodistas en Plaza de Mayo, o cuando el aparato de propaganda estatal decidió que tal o cual serían los símbolos de la complicidad con la dictadura y el kirchnerismo se consagró con burocrática eficiencia a la reescritura del pasado. Cuenta el filósofo franco-búlgaro Tzvetan Todorov en La memoria amenazada que el emperador azteca Itzcoatl, a principios del siglo XV, había ordenado la destrucción de todas las estelas y todos los libros para poder recomponer la tradición a su manera; un siglo después los conquistadores españoles se dedicaron a su vez a retirar y quemar todos los vestigios que testimoniasen la antigua grandeza de los vencidos. “Tras comprender que la conquista de las tierras y de los hombres pasaba por la conquista de la información y la comunicación –sigue Todorov– las tiranías del siglo XX han sistematizado su apropiación de la memoria y han aspirado a controlarla hasta en sus rincones más recónditos.”
¿De qué manera reescribir el pasado significa modificar el presente? ¿Pueden las víctimas del pasado convertirse en una casta privilegiada? ¿Cuál fue la culpa individual y cuál la colectiva? ¿Dónde se encuentran los enemigos del sistema? ¿Cómo identificarlos? ¿El olvido y la memoria son términos contrapuestos o complementarios? ¿Puede existir una selección “oficial” de la memoria o cada uno tendrá derecho a buscar su propia verdad de los hechos? ¿Cuán profunda es la grieta?

HUESPEDES Y TURISTAS
—Estoy desesperado.
—¿Usted está desesperado?
—Sí.
—¿Está verdaderamente desespe-
rado?
—Sí, sí, estoy desesperado.
—¿Duerme?
—Sssí... Sí.
—Los desesperados no duermen.
Los argentinos no sólo nos comportamos –como escribió alguna vez Mallea– como huéspedes de hotel. También hemos sido turistas de nuestro propio destino; tipos a los que nunca nada nos termina de pasar del todo: recordamos hoy la dictadura militar como la invasión de un grupo extraterrestre que aterrizó para sojuzgar a 30 millones de argentinos democráticos y pluralistas. Nadie, nunca, golpeó a la puerta de los cuarteles. Recuerda Héctor Schmucler en El olvido del mal. La construcción técnica de la desaparición en la Argentina, citando a Pilar Calveiro: “Los militares ‘salvaron’ reiteradamente al país a lo largo de 45 años (…) a su vez, sectores importantes de la sociedad civil reclamaron y exigieron ese salvataje una y otra vez”. “La congregación militar –sigue Schmucler– no es necesariamente un cuerpo extraño al conjunto de la Nación.” El peronismo tuvo como punto de arranque el golpe de estado del 4 de junio de 1943, y el entonces coronel y luego general Juan Domingo Perón nunca dejó de reivindicar su pertenencia al Ejército. La idea de construir un “ejército nacional” puede interpretarse como una síntesis casi paródica del espíritu que inspiró desde un principio a la organización Montoneros, escribe el sociólogo fundador de la revista Pasado y Presente.
La militarización de las organizaciones guerrilleras (así como sus purgas internas, los códigos moralistas de convivencia o los intentos de “proletarización” de los militantes, algo así como excursiones para chicos de clase media en las zonas de clase obrera) ha quedado sepultada bajo el nebuloso mito de los 70: chicos de pelo ensortijado y ojos soñadores (la “juventud maravillosa”) que tiraban margaritas sobre los tanques en la Primavera de Praga. Aquellas imágenes traen otras: la del importante poeta argentino que me contó sus encuentros, en París, con su “responsable” de la “orga”: ambos llegaban a un ignoto departamento vestidos de civil, pero se cambiaban antes de la reunión, poniéndose el uniforme montonero; luego del encuentro volvían a cambiarse y salían a la calle. El ascendiente militar se filtró en el lenguaje y por eso todos aceptaron con pasmosa naturalidad la orden de “aniquilamiento” dada por Isabel Perón para combatir al ERP en Tucumán. Perón, más coloquial, ya había advertido en hacer “tronar el escarmiento”, luego de señalar que “a los enemigos, ni justicia”. La democracia no era, no fue, en aquellos años, un valor en juego: era una timorata excusa de la burguesía, una trampa, un ardid de los poderosos para seguir en su mundo de privilegios. La guerrilla argentina combatía por el socialismo y, en una minoría, sólo aceptaba el camino de las urnas como una especie de atajo mientras la lucha por el socialismo se hacía presente. La guerrilla nunca ejerció su derecho a combatir la opresión porque no sólo combatió a las dictaduras sino también a los gobiernos democráticos: la Carta Abierta a Cámpora firmada por el ERP o las tomas de cuarteles del Ejército por los Montoneros durante el peronismo dan muestra acabada de ese punto.
Sería ocioso discutir aquí el comienzo de la espiral de la violencia: la sangre llegó al río mucho antes, en el golpe del 30, o mucho antes, con las guerras civiles, o los asesinatos políticos, o mucho después, con los fusilamientos de José León Suárez y la proscripción del peronismo. En cualquier caso, el “clima de la época” favorecía las respuestas rápidas y el socialismo parecía quedar a la vuelta de la esquina: por eso podían morir colimbas en los ataques o dispararle a un secuestrado desarmado en un sótano podía convertirse en un ejemplo de heroísmo.
Lo que vino después fue inimaginable: los secuestros, las desapariciones, los niños nacidos en cautiverio, la censura y el miedo. Viví esos años en la Argentina sin ejercer el periodismo: fui mozo de bar, acomodador de cine, dactilógrafo por horas. Volví a la profesión el día de las elecciones, el 30 de octubre de 1983, haciendo una suplencia de movilero en el informativo de LR3 Radio Belgrano. Se instaló en aquellos primeros meses de la democracia el “Show de los NN”: la misma sociedad que se había callado la boca hasta la derrota de Malvinas asistía ahora al “destape” de los derechos humanos: el horror al alcance de todos; los “servicios” más comprometidos se daban a la fuga y quemaban las naves intentando vender su información:
—Yo estuve en El Olimpo. Quiero hablar.
Milicos haciendo planos de campos de concentración en las servilletas de los bares. La locura y el vértigo de las confesiones: catarsis, ganas de vomitar. Cubrí el juicio a las juntas desde el primer día, cuando desembarcamos en Tribunales unos 200 periodistas de todo el mundo. Tres meses después éramos menos de veinte. Era insoportable escuchar todo eso, día tras día: la voz de los que habían vuelto de la muerte. Los militares habían dejado el poder a regañadientes: la APDH grababa el juicio pero no podía ser difundido por la televisión y se editaba secretamente en Télam. Un par de años antes, una bomba había volado la redacción de El Porteño en San Telmo y otra voló después la planta transmisora de Belgrano. Alfonsín nos deseó Felices Pascuas y aprendimos que la palabra “obediencia debida” no tenía traducción en otro idioma: obéissance due o due obédience no quería decir nada en el resto del mundo, cuando aquí significaba impunidad para miles de personas. En esos años tuve frente a frente al “Paqui” Forese, torturador de Orletti, que me dijo mirándome a los ojos: “Los caminos de Dios son insondables”, y después llegó Página/12 y los rostros de los desaparecidos comenzaron a aparecer en avisos gratuitos, diarios, en cada aniversario, y comenzó también la pelea contra los indultos de Menem, convencidos de que la grieta iba a cerrarse a fuerza de justicia, si ésta llegaba, alguna vez. Después pasó todo lo que pasó, hasta que un juez federal, Gabriel Cavallo, derogó la obediencia debida y los juicios comenzaron de nuevo. Y yo pensé entonces, por primera vez, que la grieta iba a comenzar a cerrarse. Pero sucedió todo lo contrario.

SOBREACTUACION
No sé si la historia es apócrifa o no, pero me contaron una vez que el líder del Ku Kux Klan tenía un apellido italiano; era un ejemplo de sobreadaptación: no hay peor que un converso, que el que tiende a sobreactuar lo que nunca fue.
—Tato Bores hizo programas durante todas las dictaduras –se exaltó en Duro de domar Mariano Hamilton.
Hamilton es un periodista deportivo que trabajó durante años en Clarín, participó de la creación de Olé y ahora despotrica contra “el Grupo” como si nunca hubiera pasado por la calle Tacuarí. Duro de domar es un programa del Grupo Goebbels-Gvirtz, conducido por Daniel Tognetti, quien presentó en PuntoDoc aquella nota en la que el esposo médico de Beatriz Salomón se acostaba con un travesti; luego trabajó con Daniel Hadad y ahora milita en Canal 9.
El fragmento referido formaba parte, en realidad, de un bloque del programa “Seis, Siete, Rocho”, de la Televisión Pública, la misma pantalla en la que Florencia Peña triunfa con su sitcom. “Seis, Siete, Rocho” está moderado por Luciano Galende (ex integrante de las mañanas de Canal 13), Sandra Russo (ex columnista de Radio Mitre), Orlando Barone (ex colaborador de La Nación y Clarín) y Carlos Barragán (ex Radio Mitre). Todos discutían allí, junto al ministro del Interior, sobre el colaboracionismo en la dictadura.
—Ministro, me gusta su opinión –le dijo Galende a Randazzo antes de escucharlo–. Me interesa su opinión –se corrigió.
Randazzo miró a lo lejos como el Che Guevara y dijo:
—Hay hombres que tenían una enorme responsabilidad y un enorme crédito, deberían haber tenido otra actitud, mucho más combativa, sobre lo que estaba ocurriendo en la Argentina. Me parece que no alcanzaban ni la ironía ni el chiste.
Nadie recordó en aquel momento al matrimonio Kirchner y su lucha inmobiliaria contra los militares. El contador Randazzo hablaba desde una trinchera imaginaria y el resto de los idiotas útiles asentía: por lo que se sabe, el contador, en su juventud, no militaba en ONG alguna, sino que jugaba al básquet en San Lorenzo de Chivilcoy y soñaba con correr un Ford en Turismo Carretera.
A esta altura del delirio, el Tribunal de Nurembgvirtz acusaba a Tato Bores de no haber sido Rodolfo Walsh.
—Acá hay gente que se la jugó de otra manera –llegó a decir Santiago Varela, ex libretista de Tato, hablando de Walsh.
La idea de Walsh como paradigma de la resistencia es al menos discutible: el autor de uno de los mejores cuentos argentinos (Esa mujer) era miembro de grado de Montoneros y, como se dijo, no luchaba por el retorno a las urnas sino por la imposición del socialismo o, si se prefiere, la dictadura del proletariado en su versión peronista (de ser esta combinación algo posible). Tato Bores no era marxista, no usaba la violencia como método de protesta y compararlo con Walsh –o tratar de imponerle esa vara– es al menos desafortunado.
De hecho, no pasó Tato Bores en aquellos años por un período feliz: sufrió una bomba, fue prohibido y tuvo que sortear con ingenio las fauces de la censura.
La imputación oficial no procede del mismo modo con la tropa propia:
—No alcanza con condenar a los militares, hay que condenar también a los civiles que fueron cómplices –señala el canciller Héctor Timerman.
—Me avergüenza haber estado en esa reunión –dice el mismo hijo de Jacobo luego de que una foto suya con Videla tomara estado público a través del periodista Alfredo Leuco. Timerman Jr. sonríe en la foto al lado de Videla, a poco del golpe de 1976, como director del diario procesista La Tarde, heredado de su papá. “Golpe al extremismo”, “Espectacular operativo antiguerrillero”, “Vigencia de los derechos humanos”, “La Junta Militar reorganiza la Nación”, titulaba el vespertino en esos días. “Mi incidencia era escasa –dice, vergonzante, el entonces director del diario–. Nunca antes había ejercido el periodismo. Siempre me cuestiono esos meses de mi vida.” El término colaboracionista viene del francés collaboracioniste, todo aquel que tiende a auxiliar o cooperar con una fuerza de ocupación enemiga. La palabra nace durante la República de Vichy (1940-1944), en un discurso del mariscal Petain en el que exhortó a los franceses a colaborar con los nazis invasores. Aun hoy se discuten en Europa aquellos años. En 1967, le preguntaron a Sartre por qué usaba el pronombre nous para describir el colaboracionismo francés con los nazis. Dijo que ése era un recurso para facilitar la autocrítica y el arrepentimiento. Si los hubiera identificado como “ellos”, en oposición a “nosotros” (los de la Resistencia), sólo hubiera logrado la reacción defensiva, ideológica y justificatoria de “ellos” y sus descendientes.
—Aquellas fueron acciones criminales de los franceses –le dijo Sartre al periodista– y yo como usted, señor periodista, somos franceses.

PASADO VS. PRESENTE
“Otra razón para preocuparse por el pasado es que ello nos permite desentendernos del presente, procurándonos además los beneficios de la buena conciencia”, sigue Todorov. “Recordar ahora con minuciosidad los sufrimientos pasados nos hace quizá vigilantes en relación con Hitler o Petain, pero además nos permite ignorar las amenazas actuales. Denunciar las debilidades de un hombre bajo Vichy me hace aparecer como un bravo combatiente por la memoria y por la justicia sin exponerme a peligro alguno ni obligarme a asumir responsabilidades frente a las miserias actuales. Es gratificador conmemorar a las víctimas del pasado, pero resulta incómodo ocuparse de las de hoy: a falta de emprender una acción real contra el fascismo actual, el ataque se dirige resueltamente contra el fascismo de ayer.” Todorov también menciona la utilización del culto a la memoria por parte de quienes procuran obtener algunos privilegios en la sociedad. “Si se consigue establecer de manera convincente que un grupo fue víctima de una injusticia en el pasado, esto le abre en el presente una línea de crédito inagotable.” La memoria amenazada fue escrito mucho antes del escándalo Schoklender-Madres de Plaza de Mayo. También antes de que el ministro de Justicia, Julio Alak, deba informar sobre los 68 guerrilleros muertos antes del golpe que figuran como “desaparecidos” y cuyos familiares cobraron las indemnizaciones.
Para Todorov, una defensa eficaz de la verdad no puede hacerse “omitiendo parcelas enteras de la Historia”. El filósofo franco-búlgaro visitó el predio de la ex ESMA en Buenos Aires y escribió luego una nota en El País de Madrid, en la que planteaba que los monumentos a la memoria en Argentina excluían deliberadamente a las víctimas del terrorismo al que vino a responder, de una manera “hiperbólica” y “excesiva”, el terrorismo de Estado. La memoria ocupa un lugar central en el psicoanálisis: el hombre reprime recuerdos del pasado y los recupera de una manera menos dolorosa, los vuelve inofensivos, aprende de ellos, los reconoce.
—No podemos vivir pensando todo el tiempo en el Holocausto, pero tampoco podemos vivir como si nunca hubiera existido –dijo alguna vez Simon Wiesenthal.
He peleado por la justicia para los crímenes de la dictadura durante toda mi vida y no voy a dejar de hacerlo. La justicia (en verdad, la ausencia de) es el principal problema de la Argentina y es cierto que el futuro sólo podrá edificarse desde allí. Pero no alcanza: la grieta comenzará a cerrarse cuando nos animemos a vernos, a reconocer lo que somos y lo que fuimos. Cuando no haya “nosotros” y “ellos”. Cuando dejemos de ser turistas, cándidos, oportunistas y pequeños.
Hace muchos años decíamos con Luis –cuando perdíamos mas tiempo en los bares: la verdadera comunicación recién empieza cuando podés decirle al otro: “Vos estás enfermo. Pero yo también”.