martes, 2 de agosto de 2016

Caín, Abel y Francisco

Dijo el Papa en recientes declaraciones a la prensa que "el terrorismo crece cuando no hay otra opción y cuando el dinero se transforma en un dios que, en lugar de la persona, es puesto en el centro de la economía mundial", luego agregó que "la falta de oportunidades económicas para los jóvenes en Europa también era responsable por el terrorismo".
Ya antes había dicho que "el dinero es el estiércol del diablo" y, en su famosa Exhortación Apostólica, Evangelii Gaudium, utilizó aquella tremenda cita de San Juan Crisóstomo: "No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos" (esta última dirigida nada menos que a los gobernantes y financistas del mundo, tan afectos siempre a redistribuir lo ajeno como si fuera propio).

Me cuesta encontrar algún pasaje bíblico que sustente semejantes disparates. Más bien todo lo contrario. Yo tiendo a asociar al terrorismo, y también al anti-capitalismo que él pregona, con la historia de Caín y Abel. Es aquel pasaje del Antiguo Testamento en el que el hermano mayor asesina al menor, básicamente por presentar una mejor ofrenda. 
No quiero caer en la simplificación de decir que los psicópatas del ISIS andan masacrando gente por ahí porque anhelan la riqueza occidental pero ciertamente el núcleo del problema pareciera estar más cerca de la envidia de Caín que de una pretendida avaricia de Abel.
Recuerdo cuando me enseñaron que la raíz de los pecados capitales era la soberbia. Había un cuento fantástico de Mamerto Menapace que lo graficaba muy bien: Un hombre llegaba al cielo y mientras lo esperaba a Dios en su oficina, le afanaba los anteojos y se ponía a mirar la Tierra desde allí. Al entonces observar una canallada de su antiguo socio hacía justicia por sus propias manos. Luego el Padre lo reprendía por jugar a ser Dios.
Quizás a nuestro pontífice argentino se le haya subido a la cabeza esto de ser el representante de Dios en la Tierra -sabemos que no nos cuesta mucho por estos pagos-, probablemente este comentario le reclame una humildad de la que evidentemente carezco; en cualquier caso le pediría al querido padre Jorge que cuando se sumerge en sus profundas meditaciones acerca de cómo salvar al planeta, apunte los cañones para otro lado: son los "avaros Abeles" los que crean riqueza, dan trabajo y sacan a diario a millones de familias de la pobreza... Y en cambio al mundo lo están destruyendo entre los líderes mesiánicos y sus brazos armados, los "Caínes despechados".

Francisco Ocampo

lunes, 29 de febrero de 2016

El dilema de Cambiemos: Dunga dunga o la muerte


Al igual que muchos argentinos me alegré por el triunfo de Cambiemos y, sobre todo, por el fin del kirchnerismo. La llegada de Macri, Vidal, el ala más republicana del radicalismo y varios prestigiosos exponentes del sector privado me hicieron entusiasmar con la idea de un nuevo gobierno, si bien no liberal, al menos con ciertos valores de poder controlado, apertura al mundo, respeto al ciudadano, eficiencia y combate a la corrupción. Pero algunos temores que tenía durante la campaña hoy se transforman en reales preocupaciones. Hay ciertas señales que me dan a entender que el diagnóstico que hace el actual gobierno -y sus consecuentes soluciones- se queda en cuestiones accesorias y no va al centro del problema.
La "década ganada" fue como una condensación de prácticamente todos los errores que desde hace 80 años vienen sumergiendo a la Argentina en esta trágica decadencia. Voy a tomar uno de ellos que para mí es fundamental: cada vez que el Estado gastó por encima de sus posibilidades pasó lo lógico, sobrevino una crisis de la cual salimos no sin algún -generalmente forzoso y tardío- ajuste fiscal. La historia es siempre igual: bonanza, despilfarro, crisis, ajuste, bonanza... La gente vota a los pro-bonanza y repudia a los "malos" del ajuste. Nos enamoramos del cáncer y odiamos la quimioterapia. Sociedad esquizofrénica.
Entre otros desastres, el kirchnerismo nos deja un gasto público tan alto que no alcanza a pagarse ni siquiera teniendo la presión tributaria más alta de nuestra historia (y de la región). Esto genera un déficit fiscal creciente que se financia emitiendo más pesos o más deuda, lo que da lugar entre otras cosas, a la segunda inflación más alta del mundo. Este cóctel de alta inflación más voracidad recaudatoria más proteccionismo económico no pareciera ser lo más propicio para atraer la tan anunciada lluvia de inversiones y favorecer el despliegue de nuestro potencial productivo. ¿Es lo único que hace falta? Claramente no ¿pero quién va a poner un mango en un país en el que de movida le tenés que entregar al Estado por lo menos la mitad de lo que producís? Entonces el tema acá no es si ajuste o no ajuste, sino si el ajuste lo va a seguir haciendo el sector privado o si de una vez por todas los políticos ejercen algo de la austeridad a la que nos vienen obligando. La Constitución los manda a proteger el derecho de propiedad, no a vulnerarlo. Sin eufemismos, el artículo 17 dice: "la propiedad es inviolable". Deben entender que cada peso que gastan se lo están sacando a quienes sostienen la economía. Si queremos crecer, no queda otra que soltar lastre.
No es muy difícil imaginar a esta altura que la solución que propongo es una fuerte reducción del gasto público, eliminación y simplificación de impuestos, desregulación, privatización de empresas estatales y apertura económica. Hagamos esto y el empleo y el crecimiento se darán por añadidura.
Desde este lugar, como les gusta que se aclare a los medios no hegemónicos, es que hago mi crítica a la gestión macrista.
Me gustó el viaje a Davos en avión de línea y la comitiva comiendo en un fast food. Toda muestra de austeridad en un país fundido está en la senda correcta, por más Durán Barba que pudiera haber atrás. Dicho sea de paso, las repentinas fotos de los funcionarios "casual" en el supermercado me parecieron una exageración. Ponele que suman apoyo popular... Ok, te la tomo, pero no dejan de hacerme acordar a aquella nota de Aníbal Ibarra en CQC. Desconozco cuánto cuesta comer rico en Suiza pero si fue para compensar los 3.300 palos que se gastaron en el "aporte" de 400 mangos a los beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo, suena a poco. "Está bien, si no te prenden fuego el país", me dicen los expertos en lo políticamente viable (después el facho soy yo).
Aplaudí que sacaran las retenciones al agro pero me sorprendió que el presidente los exhortara a "ahora ir a pagar contentos los impuestos". Frase poco feliz si uno toma en cuenta que vienen siendo saqueados desde hace más de 12 años y todavía queda un 5% para la soja. Ok, un detalle, sigamos.
Sacaron el cepo sincerando la devaluación que ya había ocurrido. Muy bueno, pero en paralelo nos enteramos de que se van a tomar 4 años para bajar el déficit fiscal y por ende la emisión sin respaldo que es la raíz de la inflación. A propósito de este tema, entre promesas de castigar a los especuladores y "amenazas" con abrir las importaciones sacan una App con tufillo a "precios cuidados" alarmante. Ok, no mandaron a la militancia a tomar examen y denunciar pero obligan a los comerciantes (ojo, a los grandes; a los chicos no porque esos son buenos) a informar diariamente los precios de 1000 productos bajo pena de multas millonarias en caso de incumplimiento. ¿Creerán realmente que los controles de precios funcionan o que más burocracia es justo lo que el sector privado necesita para crecer? Ni hablar de los nichos de corrupción que esto genera. "Fulbito para la tribuna, te falta cintura política", me dicen. Bueno... Debe ser eso... la importancia del rol de los precios en la economía y el impacto de la libertad económica en la calidad institucional tan importante para atraer inversiones seguramente sea piantavotos. Discúlpenme, no puedo evitar recordar a Prat Gay diciéndole a Szloto en TN "a Moreno lo quiero en mi equipo pero controlado", poco antes de que hiciera campaña con Tumini y Donda.
Mientras escribo es probable que estén poniéndole los últimos ganchos al tan necesario acuerdo con los holdouts. Notición que celebro, ya que ninguna reconstrucción era posible manteniéndonos en default y en desacato ante un tribunal al que fuimos a buscar para que nos prestaran más barato. Permítanme, de todos modos, tener un poquito de miedo frente a la posibilidad de que el estado argentino quebrado y necesitado de divisas como está, pueda volver a endeudarse a tasas razonables. Como ex fumador reincidente empedernido sé bien de lo que hablo.
La de nombrar jueces de la Corte Suprema por decreto es totalmente anti-republicana por más vericueto legal que le hayan encontrado. La hubiera bancado tapándome la nariz si lo usaban para meter en cana a CFK y su séquito. En todo caso, reconocieron el error y recularon. Medio punto ahí para Macri.
La corrección en las tarifas de energía está bien en el sentido de que las cosas tienen que costar lo que valen, sin embargo hay un porcentaje importante de las facturas de electricidad y de gas que son impuestos, los cuales también van a subir. Por otra parte, vale señalar que este costo recae sobre una población que viene siendo asfixiada con impuestos. Digo, si la onda es el gradualismo para que la gente pueda absorber mejor el impacto de las medidas ¿no había otras líneas de gastos para cortar antes? Ok, discutible porque era algo que había que hacer. Dejo para otro día lo de la "tarifa social".
Con respecto a Ganancias está bien que hayan subido el mínimo no imponible y arreglado aquella paparruchada de eximir a los que en Agosto de 2013 ganaban menos de 15.000 pesos, pero tiene gusto a poco. La tan vituperada tablita de Machinea fijaba el mínimo no imponible en 4.000 dólares, o sea, más de 60 lucas a guita de hoy.
(Acá mi Mr Hyde interno me acota que igual ese impuesto no debería existir).
Excelente en materia de Relaciones Exteriores impulsando la caída del acuerdo con Irán y reclamando por los derechos humanos en Venezuela. Bienvenidos sean Renzi, Hollande y Obama, ojalá vengan con un pan bajo el brazo. Me encanta que Macri conteste en inglés y que Prat Gay hable mejor que Bush... Pero en concreto ¿hicieron algo en comercio exterior? Sí, ya sé, eliminaron las DJAI (Declaración Jurada Anticipada de Importación) pero las reemplazaron por el SIMI (Sistema Integral de Monitoreo de Importaciones), que es parecido sólo que un poco más ágil. Pretender tratados de libre comercio como hacen acá al lado, en Chile, es un delirio ¿no?
El manejo de la cuestión INDEC también fue bastante lamentable. ¿No habría sido más republicano mantener el índice Congreso en manos de la oposición hasta tanto pudiéramos tener cifras confiables?
Ahora salieron con el plan canje para celulares made in Tierra del Fuego, o sea, más gasto y más proteccionismo. Me hace acordar al "nosotros somos bueeeenos" de la banda de Milagro Sala. A los Kirchner les salió mal porque eran mala onda.
La pregunta obvia acá (en realidad me interrumpen mucho antes... si no me mandan a la mierda) es: "Sos un genio, les pedís que bajen impuestos, que sigan subsidiando la energía barata pero que bajen el gasto sin emitir y sin endeudarse. Con el desastre que les dejaron no hay soluciones mágicas. Decíme qué harías vos, que con un prólogo de Hayek y dos videos de Friedman ya encontraste todas las respuestas".
Más allá de lo que dicen que digo pero en realidad no dije, tiene sentido que fundamente mi propuesta.
Me parece muy gráfico explicarlo con esta "cuenta de almacenero" hecha por Espert:
En 2015 el estado gastó 2.300.000.000.000 pesos, o sea $2,3 billones. Sin embargo, recaudó "sólo" 1,9 bi. Los 400 mil millones que faltan son el déficit fiscal (sí, 21% se pasaron de rosca).
Ese total se compone así:
+ 0,9 bi: sueldos de los 4 millones de empleados estatales (el doble de los que había en 2002 y 400 mil más de los que había en 2014).
+ 0,4 bi: jubilaciones
+ 0,35 bi: subsidios (a la energía no llegan a 0,1. El grueso son los planes sociales y las empresas).
+ 0,2 bi: Bienes y Servicios
+ 0,2 bi: Obra Pública
+ 0,1 bi: Intereses de la deuda
+ 0,15: Otros gastos
Seguramente en todas esas líneas haya grasa por cortar pero claramente hay un serio problema en el empleo estatal, que representa el 40%. No están ni cerca del objetivo los alrededor de 15.000 que rajaron ahora (muchos de ellos fueron apenas contratos no renovados). El 2014 ya veníamos con un déficit fiscal alarmante... ¡y se mandaron a contratar 400.000 más! Entre eso y colocar un cheque sin fondos mucha diferencia no hay. Acá siempre me corren con el policía, la maestra y la enfermera. ¡No jodamos! Es como hacemos todos cuando la guita no alcanza. Planilla, marcador y empezar a tachar. Va mi lista a vuelo de pájaro... No sé si suma pero es catártico:
Fútbol para Todos, Aerolíneas Argentinas, INCAA, Canal 7, Telam, toda la pauta oficial, INADI (¡estamos en bancarrota ¿entendés? ¿Para qué carajo querés el INADI? ¿Hay menos discriminación ahora?), Secretaría de Culto, Secretaría de asuntos relacionados con las Malvinas, Secretaría de Comercio, Secretaría de emprendedores y Pyme, Secretaría de Agricultura Familiar, Ministerio de Turismo (sí, entero), Secretaría de DDHH y pluralismo cultural, Ministerio de Ciencia Tecnología e Innovación, Ministerio de Cultura... En fin, me cansé. Es una muestra nada más, pero si mirás y te preguntás si realmente es necesario como para entregarle la mitad de tu sueldo, se salvan pocos. Más aún si pensás que cada empleo de esos son empleos que se dejan de generar en el sector privado, que es lo que mueve la economía. Nota al margen ¿hace falta aclarar que oponerme a que exista una secretaría de DDHH y pluralismo cultural no significa que me oponga a los derechos humanos y a la diversidad?
Una de las respuestas que recibo a menudo es que todo esto debe ser hecho de manera gradual porque si no estalla el caos social como pasó con López Murphy. Ahá... ¿O sea que mejor dejar que la burbuja se siga inflando hasta que llegue un Duhalde? No nos engañemos, el gradualismo y las recetas keynesianas ya las vino probando el kirchnerismo desde hace rato. Cuanto más demoremos en resolver estas cuestiones estructurales, más tardaremos en tomar la senda del crecimiento. Por otra parte hay una cuestión moral: es como pedirle a un marido golpeador que vaya reduciendo de a poco la intensidad de los golpes.
Por último. Veo a muchos de los que creen, como yo, que la salida es esto de abrirse al mundo, desregular y disciplina fiscal, pero toman una postura demasiado indulgente con el gobierno. Que la cintura política, que lo políticamente viable, que hay que darles tiempo... ¡No hay tiempo! Toda corrección que haya que hacer tiene que ser ahora y "por culpa de los K". La campaña ya terminó. En dos años vienen las elecciones parlamentarias ¿cuándo piensan empezar con las medidas antipáticas? Los Kirchner aguantaron 12 años echándole la culpa a los 90'. Ahora tenemos otra "pesada herencia" ¿Piensan hacer lo mismo?
Otra que me dicen es que hay que apoyarlos porque peor es la oposición. Si los que pedimos estos cambios somos complacientes mientras los Del Caño, Kolina y Moyano despliegan todo su arsenal, ¿a quién piensan que va a escuchar más este gobierno tan adepto a las encuestas?
Al final, es como aquel viejo cuento:
-¿Dunga Dunga o la muerte?
-¡La muerte!
-Bueno, pero primero un poquito de dunga dunga

martes, 14 de abril de 2015

La "izquierda buena" se despega de los K

Esta nota surge en respuesta al editorial de La Nación del domingo 12 de Abril titulada Inclusión, sumisión y corrupción (* http://www.lanacion.com.ar/1783700-inclusion-sumisiony-corrupcion )

A priori parece una sagaz crítica hacia los que se dicen de izquierda pero en realidad son una manga de chantas sin moral que se afanan todo (en esto último estamos de acuerdo), pero una lectura un poco más profunda -a mi entender- revela una injusta defensa a la izquierda. Es la aceptación de un prejuicio muy difundido pero totalmente infundado e inaceptable: que la izquierda es moralmente buena y -si escarbás un poquito más- el capitalismo es moralmente malo. O si creen que exagero, tomemos que sólo sugiere la idea de que la izquierda tiene principios morales muy valiosos, que son necesarios para combatir la amoralidad del capitalismo.

Resumiendo, la nota postula que la izquierda ha evolucionado desde los tiempos de Robespierre hasta hoy, pasando por Marx, el Che y otros tantos, cometiendo siempre los mismos errores pero manteniendo un patrón común: ciertos valores de solidaridad, inclusión y el combate a la pobreza. Ya se dieron cuenta de que la única forma de generar la riqueza que el mundo necesita para subsistir es el capitalismo, pero quieren que éste sea inclusivo. Aborrecen a los conservadores pragmáticos, materialistas, corruptos y, aunque no son tan eficientes como aquellos, bien vale la gesta altruista para cambiar la naturaleza humana (el hombre nuevo).
Ahí hace como un pase de magia y en una inferencia totalmente antojadiza señala que esa diferencia ética (de la izquierda) implica los valores de transparencia, gobierno controlado, rendición de cuentas, división de poderes, etc. Luego da algunos ejemplos diferenciándolos de los delincuentes que hoy nos gobiernan: El Che como presidente del Banco Central de Cuba no tenía la impresora de Boudou, a Allende no le encontraron una bolsa con guita en su despacho. El cura tercermundista, Camilo Torres nació rico y murió pobre luchando por sus ideales (a diferencia de Néstor), al igual que el padre Mugica, quien se inmoló por los pobres en lugar de hacer negociados con la villa 31. Pepe Mujica no conoce Seychelles y Juana Azurduy, también de rica a pobre, nunca tuvo una cadena de hoteles.
Concluye diciendo que las medidas populistas del gobierno (dádivas, feriados, cortoplacismo, Fútbol para Todos, clientelismo) son de derecha y que la calidad institucional y la inversión en educación son de izquierda; que la corrupción es la antítesis de la solidaridad.
Arranco por el final: La antítesis de la solidaridad es la coerción, no la corrupción, es el uso de la fuerza. Sólo puedo ser generoso si tengo la opción de ser mezquino. Ahí radica el primero de los errores fundamentales del argumento de "la izquiera buena". Como decía Milton Friedman, no se puede hacer el bien con el dinero de los demás. Está muy bien que pregonen la benevolencia, pero ésta sólo puede ejercerse en libertad. ¿Cuál es el valor moral de "incluir" a punta de pistola? De eso se trata la redistribución. Si la justicia es dar a cada uno lo suyo, éste es el sistema más injusto posible: le sacan a quien legítimamente ha obtenido riqueza para darlo a quien no ha hecho nada por lograrlo. Esto, además de ser un robo, genera pobreza no sólo por las razones mencionadas en el artículo (lo de someter dando el pescado en lugar de enseñar a pescar) sino porque destruye los incentivos a la creación de riqueza, que es lo que se necesita para superar la pobreza. Por esto no es intrascendente el "no somos eficientes pero somos honrados". La ineficiencia genera derroche de capital, y esto se traduce en menos bienes y servicios disponibles para la población. Meterle un impuesto del 80% a los Rolling Stones deja sin trabajo a los que montan el escenario, los mozos del catering, y los que limpian el estadio, por poner sólo algún ejemplo. Agreguemos a eso el costo de manejar esa redistribución: el recaudador, el controlador, el legislador, el asesor, el repartidor... todos se llevan su parte en este proceso. Tomemos en cuenta también que al no regirse el estado por las reglas del mercado -esto es, el sistema de precios, ganancias y pérdidas- opera a ciegas; o dicho de otra manera, asigna los siempre escasos recursos productivos en función de lo que cree algún funcionario que es más conveniente para "la gente" y no en función de lo que, efectivamente, son las preferencias de las personas (como sí ocurre en un sistema libre). Los precios son las señales que muestran las valoraciones cambiantes de los consumidores y permiten orientar la producción. El sistema de ganancias y pérdidas genera las alertas necesarias para que la asignación se haga de manera eficiente. El estado no tiene cómo saber si conviene hacer un edificio de oro o de durlock, no tiene cómo medir si lo que está invirtiendo en energía es mucho o poco. Sus gastos se miden en términos de beneficios secundarios (más o menos votos, más o menos poder, más o menos contraprestaciones de actores involucrados, etc), no necesariamente porque sean corruptos.
Tampoco quiero pasar por alto la supuesta superioridad ética de la izquierda. Por lo pronto, en esa lista de baluartes de la moral hay unos cuantos asesinos. Me tiene sin cuidado la condición patrimonial al nacer o al morir. ¿Que no usaron el poder del estado para enriquecerse? Diría que no a la manera de los Kirchner, pero sí atropellaron derechos humanos para satisfacer intereses personales (hayan sido éstos lavar sus conciencias, aplacar sus instintos o salvar a la humanidad). Lo importante son los hechos; las acciones y sus consecuencias, no las intenciones. ¿Quién puede afirmar que Hitler o Stalin no actuaron de buena fe? Pero en el camino a sus metas altruistas se cargaron millones de vidas. Lo relevante del Che no es que era un aventurero, es que fusilaba a todo aquel a quien considerara contrario a la revolución. Probablemente haya  hecho más daño el padre Mugica que los chorros del Banco Río.
Las instituciones republicanas (poder limitado, imperio de la ley, controles y balances, sistema representativo federal), se fundan en el respeto a la libertad. Alberdi y los Padres Fundadores de los Estados Unidos no eran la “izquierda moderna”. Fueron personas que entendieron perfectamente aquello que tan bien definió Lord Acton: “el poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente”. Comprendieron que para que la democracia no se transformara en dos lobos y un cordero decidiendo qué almorzar (Benjamin Franklin) hacía falta un sistema republicano que mantuviera a raya a los gobiernos a fin de proteger a las minorías del abuso de las mayorías.
La nota plantea que el problema es la inmoralidad de los gobernantes (“que son de izquierda de la boca para afuera”, le faltó agregar). Ya pasaron más de 200 años de la Revolución Francesa. Se le dice izquierda o derecha a cualquier cosa. En todo caso, preferiría a esta altura –y sobre todo en la Argentina actual- plantear la discusión entre populismo o república, entre respeto a la libertad o abuso de la fuerza, entre igualdad ante la ley o igualdad mediante la ley. Tales planteos, lamentablemente hoy sólo se dan en ciertos ámbitos académicos, en algunos centros de investigación de políticas públicas y (lloro) están prácticamente desaparecidos del debate político.
Concluyo: prefiero que gobiernen Hugo Moyano o Ricardo Fort teniendo un sistema libre y republicano, antes que una socialdemocracia con afán redistributivo, así sea que la maneje el Papa Francisco.
Nota al pie: Antes de hacerse del poder y las guillotinas durante el llamado "Reino del Terror", Robespierre había sido un ferviente opositor a la pena de muerte.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Una propuesta para acabar con el narcotráfico

En primer lugar deberían legalizar el libre comercio de las drogas; permitir que se convierta en un negocio próspero y rentable hasta que la Argentina pase a ser un modelo de innovación y eficiencia en la producción de estupefacientes. El paso siguiente sería llenar la actividad de regulaciones, controles de precios, impuestos asfixiantes, sindicatos mafiosos, aprietes, créditos, subsidios y confiscaciones. Luego habría que crear una Oficina Nacional de Control Comercial para que organice el correcto funcionamiento de la actividad, administrando cuotas, normas y todo el sistema de premios y castigos. Cuando ya estén heridos de muerte, sólo restará aplicarles la ya existente ley de abastecimiento.
Si este mecanismo está resultando tan eficaz con el sector agropecuario, no veo por qué no vaya a funcionar también para destruir otras actividades como el narcotráfico.

El modelo federal de Aerolíneas Argentinas

Dijo la presidente en su última cadena nacional que Aerolíneas Argentinas es un ejemplo de federalismo, que “muta el modelo centralista y concentrado de que todo tenía que venir a Buenos Aires para luego de allí, recién, ser redistribuido por todo el país”; que “no puede ser que un rosarino o un cordobés, para irse al Calafate o a Bariloche tenga primero que venir a Buenos Aires y de acá recién ir a la Patagonia”.

Sería bueno que sus compañeros del Congreso y del Ministerio de Economía recogieran el guante para cumplir con la obligación –pendiente desde 1996- de modificar la Ley de Coparticipación Federal, habida cuenta de que hoy más del 70% de nuestros impuestos tienen que “viajar” a la Casa Rosada, para luego ser redistribuidos por todo el país. Quizás de este modo logremos evitar lo que sí están copiando a pies juntillas de la gestión de Aerolíneas Argentinas, que es la pérdida diaria y constante de unos cuantos millones de dólares.

lunes, 20 de octubre de 2014

¿Y vos qué harías?

Con esta pregunta cerró su mail Luis, un amigo con quien comparto las mismas inquietudes acerca del destino de nuestro país, aunque con algunas visiones diferentes sobre cómo encararlo. Mi respuesta, como es costumbre, no fue muy sintética.

Creo que en este tema hay 3 frentes fundamentales:
1) Bajar y eficientizar el gasto público dramáticamente
2) Eliminar y simplificar impuestos
3) Limitar el poder del estado.

El tercero es el más importante para mí pero es más a largo plazo. Es el espíritu de Alberdi y los constituyentes de 1853. Es lo que hace que una democracia no sea una patota. En el sistema republicano se trata más de proteger a las minorías del abuso de las mayorías y no de hacer lo que dictan las mayorías (concepto hoy totalmente subvertido). Pero voy a profundizar en los otros dos:
1) Bajar el gasto público: Hay que priorizar. Hoy el déficit es del 4% del PBI con tendencia creciente.
- Hay algunas áreas que su sola existencia ya constituyen un crimen en sí, independientemente de lo que diga la ley. A estas hay que cerrarlas o privatizarlas desde el día 1. Meto acá a los subsidios al INCAA, canal 7, Fútbol para todos, toda la pauta oficial, Tecnópolis, algunas secretarías tipo la del pensamiento nacional de Forster y otras tantas absurdas. No hay una sola razón válida que justifique que le saquen dinero por la fuerza a nadie para obligarlo a financiar estas cuestiones.
- Hay otras un poco más delicadas, de mediano - corto plazo que habría que comenzar a trabajar para eliminar definitivamente: Aerolíneas Argentinas (lleva gastados 4 mil millones de dólares... ¡¡¡lo que costaba Iberia en 2007 cuando salió a la venta!!!) y las Universidades estatales. Hoy, en promedio, cada graduado de universidad estatal cuesta 60 mil dólares (40 mil los de la UBA), el 40% de los estudiantes rinden una materia por año. ¿Quién usa la Universidad estatal? Principalmente los de clase media. Los pocos de clase baja que la usan, pertenecerán a la clase media en el futuro. ¿Quién la paga? Todos, incluidos los pobres. Si una persona inicia una carrera con la expectativa de ser profesional ¿por qué no asumir parte del riesgo y sacar un préstamo a devolver una vez recibido y ya consolidado en el mundo laboral (digamos, a los 5 años de recibido)? La educación universitaria no es gratuita, es cara. Y más barata será en la medida en que los usuarios la paguen y tengan la posibilidad de decidir a qué institución dirigir su inversión en educación. Incluso las becas funcionarían mejor en el ámbito privado. ¿Qué mejor negocio que prestarle a un tipo de la villa 31 que se compromete a recibirse con un promedio mayor a 7? ¿Le financiarías en cambio la carrera a alguno de esos zánganos consuetudinarios de las universidades públicas que lo único que hacen es jugar a la política, pelear por el kiosco y la fotocopiadora? Directamente no existirían, ya que deberían estudiar para poder conseguir un laburo en serio.
- Hay otras áreas en las que no podés recortar abruptamente porque es como subir a la gente a una escalera y sacársela. Se van a hacer concha contra el piso. Acá entran los subsidios a la energía y al transporte (a), los planes sociales (b) y la escuela estatal (c).
(a) En principio las cosas tienen que costar lo que cuestan. O sea, que el precio de las cosas lo determina el mercado, lo que la gente está dispuesta a pagar por un bien o servicio. De lo contrario se generan despropósitos como que la gente duerma con la calefacción prendida y la ventana abierta. Porteros regando la vereda durante horas porque total es gratis. Ya ni se cobran los boletos de tren porque es más caro cobrarlos que dejar que se viaje gratis. Si una hora de regar la vereda cuesta lo mismo que un asado para 15, yo debo decidir si la limpio con saliva y me como el asado o al revés. Lo que no puede suceder es que me hagan creer que es gratis o que no tiene costo. Esas marañas de subsidios destruyeron los incentivos de las empresas a ser rentables y por lo tanto a invertir. Los accidentes ferroviarios y el desabastecimiento no son casuales. En lugar de buscar el favor de los consumidores buscan el favor de De Vido, Schiavi o el funcionario que corresponda.
(b) Los planes sociales son una clara muestra de nuestro fracaso como país. Cuando vos y yo éramos niños la pobreza en Argentina no llegaba al 5%. Hoy bien medida está cerca del 30%. En este momento no se pueden eliminar pero sí simplificar y mejorar. Deberían primar los siguientes conceptos: transparencia (eliminar intermediarios), universalidad (no más de uno o dos aplicables a todos), temporarios (por un plazo perentorio orientado a paliar una situación de crisis), subsidiar la demanda y no la oferta (es decir, que los beneficiarios tengan que administrar su dinero y no que otros decidan por ellos). Lo más importante: que incentiven el trabajo en blanco y no al revés, como es hoy, que prefieren no trabajar o hacerlo en negro para no perderlos. Trabajar paulatinamente hasta su eliminación completa. El mejor plan social es un trabajo.
(c) Hoy se gastan fortunas en educación y la evolución es cada vez peor. Fuimos el primer o segundo país de América en eliminar el analfabetismo (incluso antes que varios países de Europa) y hoy ya nos pasaron varios de Latinoamérica. Adoptaría un sistema tipo el que tiene Suecia, en el cual hay libre competencia entre escuelas públicas y privadas. Lo que hace el estado es darles a los padres un voucher (o cheque) por cada hijo en edad escolar y son ellos quienes deciden a qué colegio el estado debe acreditar esos fondos. Así, la responsabilidad pasa a estar en quienes corresponde, los padres y los directores de las escuelas, y no en el burócrata de turno. La pugna de las escuelas por ese cheque hace que mejore la calidad educativa y los incentivos. ¿Cuánto habrían durado las tomas de los colegios y los paros docentes en un esquema así? En cambio tenemos al ministro de educación y los políticos cuestionando las pruebas PISA. Hay casos en África muy interesantes sobre esto. Te los paso si te interesa.
(*) a largo plazo, pensaría en un esquema similar para la Salud. Que la gente tenga obra social, no hospitales gratis.

2) Impuestos.
- El primero que eliminaría es la inflación, que es un impuesto no regulado. Es decir, cada peso que se emite sin respaldo es un poquito de poder de compra que perdés o, lo que es lo mismo, es guita que te saca el estado sin que te puedas escapar. Cuanto menos gana la gente, más difícil se le hace escapar de esta confiscación. Los grandes banqueros y empresarios, incluida CFK y varios de sus funcionarios, no tienen problemas para zafar. Los pobres sí (más aún los pobres del interior). Desde la creación del Banco Central la Argentina devaluó un 52% promedio anual. Le agregamos 13 ceros a nuestra moneda. Nuestros sucesivos gobiernos han demostrado no poder administrar y mantener una moneda fuerte. Listo, hasta acá llegamos, hay que dolarizar la economía, como hizo Ecuador. Una vez que la gente tiene los dólares en la mano, andá a ofrecerles papelitos pintados a cambio. Correa no lo hace porque no puede, no porque no quiera. Luego, dejaría que haya libertad de monedas. Que la gente se pueda manejar en la moneda que se le canten las pelotas. Responsabilidad de cada uno. Al punto que si un privado quiere crear su propia moneda, que lo haga. ¡Libre competencia! Para que esto sea factible hay que abrir la economía completamente, eliminar todas las trabas proteccionistas, regulaciones y asegurar un marco regulatorio que garantice la seguridad jurídica (eliminar el cepo, aranceles, ley de abastecimiento, etc).
- Retenciones a las exportaciones. Esto es lisa y llanamente un robo. Tenés del otro lado de la frontera a un tipo dispuesto a ofrecerte dólares reales (los que acá se consiguen a $15 y no se derriten) pero el estado se mete en el medio, se queda con los dólares, te da pesos a 8,50 y sobre eso te retiene el 35% y después te rompe el ojete con el resto de los impuestos y no te deja ajustar los balances por inflación (agregale que te amenaza con aplicarte la ley de abastecimiento si no vendés, te manda gente a cortarte los silobolsas y te acusa de golpista, avaro y mil cosas más). Lo mismo aplica para la carne (¡han logrado el milagro de destruir esa industria nada menos que en Argentina!). Más exportamos lomo, bife de chorizo y ojo de bife, más baratos y de mejor calidad van a pasar a ser los cortes que consumimos acá (y más guita entra al país, más inversiones, más puestos de trabajo reales, mejores salarios).
- Impuesto al cheque. Es distorsivo, fomenta la economía en negro y viola el principio de "doble imposición" (es decir, que pago impuestos sobre un dinero que ya tributó). Lo puso Cavallo como transitorio y de urgencia en el 2001... y ya lo ves.
- Impuesto a las ganancias en particular y al trabajo en general. Es absurdo que nuestro sistema te castigue por generar riqueza. A la empresa le es indiferente cuánto de la línea de costos de un empleado va al estado y cuánto al empleado. Esto significa que quien paga las cargas sociales no es la empresa, es el empleado. A la larga lo que genera el "impuesto a los más ricos" es que dificulta la movilidad social ascendente. A los que están arriba se les hace más fácil mantenerse si a los que vienen subiendo les van metiendo un guadañazo cada vez mayor por cada escalón que suben. El llamado impuesto progresivo (es decir, más a los más ricos) es el más regresivo de los impuestos. Los impuestos deben ser proporcionales. Todos debemos pagar proporcionalmente lo mismo. Apuntaría a un esquema de flat tax del 10%. Todos pagan eso (obviamente el 10% de 100 palos verdes es más que el 10% de mil pesos). Algo que sea simple, fácil de pagar, difícil de evadir y homogéneo para todos. Que haya realmente un costo alto por evadir y que sea beneficioso pagar. Hoy es a la inversa. Por eso hay tanta evasión, tantos costos administrativos y tanta gente honesta con el culo sucio. Mucha gente queda agarrada de las pelotas por el gobierno ante la amenaza de una inspección porque donde sea que busquen, seguro alguna norma o inciso que no está en regla van a encontrar (y ahí se abre un enorme mercado de cometas y extorsiones).
Sobre los impuestos al trabajo tengo mil cosas más para decir pero en síntesis todas las cargas sociales que le meten, junto con las medidas que supuestamente protegen al trabajador de "la explotación" hacen que sea muy caro contratar empleados en blanco. Un ejemplo es la ley del salario mínimo, que condena al desempleo a todos aquellos cuyo trabajo rinde por debajo del valor del salario mínimo. Otro ejemplo es la jubilación: un estudio muestra que un trabajador aporta (él y su empleador... o sea, él) a lo largo de su vida laboral el equivalente a 7 departamentos, luego se jubila y le pagan apenas el equivalente a la renta de un depto y cuando se muere, pierde todo. Cada persona debería poder decidir cómo y cuánto ahorrar para su vejez.
- Sobre gravar la renta financiera: Las empresas no pagan impuestos, siempre son las personas las que lo hacen. En primer lugar hay que pensar en bajar, no en subir. Hace 40 años la presión tributaria era cercana al 15% del PBI. A fines de los 90 andaba casi en el 30% y hoy ya está tocando el 50% (más del 60% si tomás sólo a la población en blanco). O sea, hasta Julio estás trabajando para el estado. Hay que revertir esa tendencia. Gravar la renta financiera sólo va a generar que suba el costo de los plazos fijos y los productos de los bancos. Encarecés (más aún) el ahorro y por lo tanto, su contracara que es el crédito. El crédito necesario para las inversiones, que son las que generan mayor productividad, riqueza y por lo tanto mejores salarios, proviene del dinero no consumido, o sea el ahorro.
- Sobre el impuesto a las herencias altas: Lo que sucedería en este caso es destruir uno de los mayores incentivos a la generación de riqueza en la sociedad. Estarías fomentando que la gente trabaje a corto plazo y no a largo plazo. ¿De dónde saldrían las fábricas, las grandes investigaciones y descubrimientos que requieren enormes inversiones si la gente fuera alentada a consumir en vida todos sus recursos? ¿Confiscar toda esa riqueza para dársela a una entidad, como es el estado, que por definición es ineficiente? Ponete en el lugar de un tipo que tiene un campo de 1000 hectáres en Río Cuarto. Sabe que no le quedan mas de 10 años de vida. ¿Invierte en hacer canales, mejorar el terreno, maquinaria, capacitar empleados, agrotecnología, etc si sabe que eso en lugar de pasar a sus hijos se lo queda el estado? En el mejor de los casos hace herencia en vida. Si no, lo vende y se lo revienta en putas hasta morir de sobredosis de sildenafil (lo cual es muy loable, pero no lo mejor para la economía).
- Hay un concepto muy interesante que es el de impuesto a la tierra (land tax). Dicho muy simple es poner un impuesto único de acuerdo a la tierra que tenés y lo pagás así como pagás cualquier servicio (luz, gas, teléfono, etc). Dividís al país en unas pocas zonas y listo. Eliminás de esa manera todo tipo de intromisión del estado en controlar y perseguir a los ciudadanos sin una orden judicial. Eliminás el efecto "peaje", los culos sucios, las manganetas legales, los privilegios, etc. Imaginate la cantidad de contadores, abogados, legisladores, lobbistas y jueces que podrían dedicarse a tareas más productivas. La cantidad de inversiones que vendrían. Das, a la vez, un sentido de pertenencia y de propiedad a los más pobres, que pasan a ser tan ciudadanos como los ricos (hoy son apenas mendigos del político o puntero de turno).
Cierro con 3 conceptos para mí claves y fundamentales. Son paradigmas que están muy instalados en la sociedad y que hay que romper:
- La visión de la economía como un juego de suma cero. Es decir que lo que obtengo de un lado, lo saco de otro. Esto sí es cierto en el caso de la relación del estado con el sector privado. La única forma que tienen de obtener dinero es quitándosela a los ciudadanos a través del monopolio del uso de la fuerza. Hoy, la mitad de lo que producimos, se lo lleva el estado. Sin embargo, no es suma cero en una economía libre y abierta. Ahí lo que sucede es la generación de riqueza, la productividad, la creatividad humana. Allí el intercambio se da sólo si es voluntario. Si ambos valoramos más lo que el otro me ofrece, entonces se da el intercambio y ambos salen ganando. Nadie le sacó nada a nadie. África es el continente más rico en recursos naturales y sin embargo el más pobre. Japón está montada prácticamente sobre un cascote. Corea del Norte es uno de los países más pobres del mundo, Corea del Sur ya está alcanzando a Japón en ingreso per cápita. Ambas nacieron de la misma cultura. Lo que define la riqueza de las naciones son las instituciones. Argentina y Estados Unidos eran los dos faros de libertad a los que acudían inmigrantes de todo el mundo en busca de prosperidad. Ambos se han apartado del camino de sus fundadores hoy, aunque en nuestro caso la decadencia es infinitamente mayor (lleva más tiempo y sucede a un ritmo mucho más acelerado).
- La pregunta no es por qué hay pobreza sino por qué hay riqueza. Es decir, la pobreza es el estado natural del hombre. Venimos al mundo sin nada. La historia de la humanidad es de pobreza. Salvo 2 o 3 monarcas el resto de la población se cagaba de hambre. La expectativa de vida era de 40 años, 1 de cada 5 niños moría antes de cumplir los 5 años, la población mundial prácticamente no crecía. Un porcentaje altísimo de la población trabajaba sólo para producir los alimentos que consumía. Hoy somos unos 6 mil millones de habitantes y el porcentaje de personas en pobreza extrema viene bajando sistemáticamente. En 2007 no sólo bajó el % relativo de cantidad de pobres en relación con la población total sino que bajó el número absoluto (o sea la cantidad de pobres en el mundo). Ese proceso se inició a partir de la Revolución Industrial. Creer que tragedias como el trabajo infantil se redujeron en algunos países por leyes que lo prohibieron es una mirada ingenua o miope de la realidad. Es pensar que los padres de los países desarrollados son buenos y los otros malos. En líneas generales, los padres dejan de mandar a sus hijos a trabajar porque pueden darse ese "lujo". Cuanta más riqueza se genera en un país, mejores son las condiciones de sus habitantes, si ésta se da en libertad. Y cuanta más libertad y respeto por los derechos de propiedad hay, más riqueza se genera. Curiosamente, como un efecto no buscado pero logrado, los países que mayor libertad económica tienen, son los que tienen una brecha más chica entre los más ricos y los más pobres. Asimismo, en esos países al tope de los rankings de libertad económica, los más pobres tienen un ingreso 10 veces mayor que los de los países menos libres. O sea, en qué país te conviene más ser pobre (en uno rico o en uno pobre?) También sobre esto tengo varios artículos si te interesa.
- La idea de que la solidaridad debe ser administrada por el estado (esto es, en definitiva, el trasfondo de la redistribución: sacarle a los ricos para darle a los pobres), parte de que la gente espontáneamente no es solidaria. Eso para mí es un error. Yo sí creo que la mayoría de la gente es solidaria y está dispuesta a ayudar a los menos favorecidos. Prueba de eso no es sólo la gente de mi círculo de allegados, sino la historia misma de la Argentina. Existían montones de entidades de beneficencia que en su momento Evita, por puro resentimiento y clientelismo político, destruyó. Cuando la ayuda es voluntaria, hay una relación sana entre quien da y quien recibe. Uno recibe la gratificación (espiritual, narcisista, exculpadora o la que corresponda) por ayudar a los demás y el otro agradece entendiendo que hay otro que lo está ayudando (sea por obligación, o con resentimiento o con genuina gratitud). La relación es directa. Cuando interviene el estado lo que hay es un robo "legal" a uno, hay otro que reclama un derecho (que no es tal, ya que implica que otro se lo debe proveer) y hay un intermediario que se hace del "beneficio secundario" de aquel acto de falsa caridad. Ahora, si suponemos que la mayoría de la gente no es caritativa y a nadie importan los pobres ¿de dónde viene la creencia de que los políticos sí se van a ocupar de los pobres? O sea, la gente es desalmada y tiene cero interés por sus congéneres pero cuando se convierten en políticos se transforman en seres angelicales? Creo que es al revés. El hecho de que los pobres pasen a ser responsabilidad del estado tiene por lo menos dos efectos negativos. El primero es que se diluye la responsabilidad individual y en vez de ayudar la gente dice: "¡qué horror el estado que no se ocupa!" y el segundo es que inevitablemente genera clientelismo, ya que para llegar o mantenerse en el poder, los políticos deben obtener la mayor cantidad de votos posibles y sería ridículo que siendo proveedores de esa "caridad" no quieran al menos recordarla a la hora de conquistar votos. De eso trata el artículo que publiqué el otro día.

domingo, 19 de octubre de 2014

Alex Freyre, Alperovich y el Síndrome del Monumento a Washington

A fines de los 60, la administración de Nixon redujo el presupuesto del National Parks Service. En respuesta, su director, George Harzog, resolvió cerrar todos los parques nacionales dos días a la semana, incluidos el del Gran Cañón del Colorado y el -más cercano al Congreso- Washington Monument Park. La reacción de los turistas se hizo escuchar de inmediato, logrando que la partida fuera finalmente restituida. De ahí que a esta estrategia (para algunos, chantaje) se la conozca como el Síndrome del Monumento a Washington.

En nuestro país comienza a levantar temperatura la campaña electoral 2015 y ya escuchamos a políticos, cual madres culpógenas, extorsionar a la ciudadanía con las 10 plagas de Egipto ante la menor insinuación de disciplina fiscal. Desafía el oficialismo a quien proponga un poco de austeridad y la oposición, rápida de reflejos para morder el anzuelo, acaba dando explicaciones y rindiendo cuentas a los que vienen gobernando desde hace tres mandatos.

Habiendo aumentado la presión impositiva en más de un 60% (la más alta de la región y de nuestra historia), no se preguntan por qué 150 mil millones de dólares de gasto no les alcanzan. No se les ocurre mirar las fortunas que pierde a diario la aerolínea de bandera. Tampoco analizar los costos de la “batalla cultural” con sus festivales, sus subsidios al cine, los programas de propaganda oficial o el Fútbol Para Todos. Menos aún preguntar si son imprescindibles los 4 millones de empleados públicos (casi el doble que en 2002) o cuestionar los 60 mil dólares que pagamos por cada graduado de universidad estatal.

En cambio, sugiere el señor Alex Freyre que la primera línea de costos a tachar serían los medicamentos para pacientes con enfermedades mortales. Alerta, por su parte, el gobernador Alperovich que los siguientes ítems del recorte podrían ser las jubilaciones y la Asignación Universal por Hijo, ante el aplauso rabioso de la militancia y la sonrisa aliviada de los contratistas del estado.

Es que eso de administrar presupuestos eficientemente, cumplir sentencias judiciales, honrar deudas, y proveer servicios de calidad para subsistir son meras banalidades que atañen sólo a los burgueses del sector privado.